SOUCY PELLERANO

Escultora, pintora, dibujante, grabadista, escenógrafa e instaladora.

Nació en Santo Domingo, 1928. Perteneciente a una familia de próceres e intelectuales, descendiente de Francisco del Rosario Sánchez. A los once años recibió clases de pintura con Rafael Arceno en Puerto Plata. Se trasladó a vivir con su familia a Santo Domingo. Estudió en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y obtuvo el título de Doctora en Farmacia y Ciencias Químicas. Ingresó en la Escuela Nacional de Bellas Artes y se graduó en 1967, el mismo año en que presentó su primera exposición individual.

En la Escuela Nacional de Bellas Artes tuvo como profesores a Domingo Liz, Gaspar Mario Cruz, Jaime Colson, Noemí Mella, Antonio Prats-Ventós, Luis de Villenas y Pina Melero, pero quien más influyó en su formación como artista fue Paul Giudicelli, de quien fue discípula y seguidora. Con Giudicelli estudió directamente desde el año 1964 y recibió una formación basada en los postulados del expresionismo geométrico. Lo sustituyó como profesora de pintura en el instituto Cultural Domínico-Americano, después de su muerte en 1965.

En sus innumerables exposiciones mostró el manejo del dibujo, de la pintura, y más tarde de la escultura y de las instalaciones. En Mi mundo en el mundo actual, documento que sirvió de presentación al catálogo de su XVII muestra individual en La Galería en 1988, planteó las inquietudes artísticas que le sirvieron de base a sus propuestas estéticas. Además de pintura, hizo escultura, especialmente de ensamblaje, a base de desechos y materiales como plexiglás, placas radiográficas y luces. Recibió numerosos premios entre los que destacan el primer Premio de Dibujo y segundo Premio de Pintura en los concursos de arte Eduardo León Jiménez, correspondientes a 1970, 1971 y 1979; segundo Premio de Dibujo y segundo Premio de Pintura en la X Bienal Nacional de 1972 y primer Premio de Pintura en el Concurso de Arte de la FAO en 1982.

En 1966 participó en el concurso de Carteles de Turismo celebrado en Punta del Este, Uruguay. En 1973 participó en la Bienal de Sao Paulo. También asistió al concurso Cannes-Sur-Mer en Francia. Desde 1975 hasta 1979 fue directora de la Escuela de Arte del IES. En 1989 realizó la escenografía de la obra Sueño de una noche de verano, una instalación confeccionada con restos de vehículos que mereció un comentario de Richard F. Shepard del New York Times. En 1990 recibió el Premio especial otorgado por el jurado al Conjunto de Obras presentado en la XVIII Bienal Nacional de Artes Visuales. A ese mismo grupo de obras denominado Estructo-Palanca-Maquinorum, el público le otorgó el Primer Premio de Escultura. Obtuvo la mayor cantidad de premios en concursos y bienales nacionales. En abril de 2004, el Centro Cultural Eduardo León Jimenes realizó una muestra retrospectiva de su obra.

JOSE RAMIRES CONDE

Pintor, dibujante y muralista.

Nació el 24 de Septiembre de 1940, en la ciudad de Baní, y murió en 1987, en la ciudad de Santo Domingo. Alumno del destacado maestro Jaime Colson.

Graduado en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Expuso por primera vez en el año 1966, en la antigua Galería de arte “Olimpia”. Realizó varios murales en el Palacio de Bellas Artes, en el Mirador del Sur, y en San Francisco de Macorís. José Ramírez Conde obtuvo varios premios en diferentes bienales en la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Sus murales y pinturas forman parte de colecciones y galerías, tanto nacionales como internacionales, muchas de las cuales están ubicadas en Francia, China Comunista, Rusia, Cuba, etc.

 La pintura de Ramírez Conde resume un marco de equilibrio entre la forma, el color y el discurso social. Lo asimétrico pone en evidencia cierta tendencia cubista, expresionista-figurativa, con reposo en todo el tinglado de la composición. La sátira como fenómeno social de contraste tiene en la pintura de Ramírez Conde una fuerza viva, permanente.

Fue un artista de recia cultura en el medio de las artes plásticas nuestras. Utilizó una gama de colores amarillos, rojos, verdes, sepias y acres, en acentuada heterogénea factura. Su pintura plantea además el desarrollo de una conciencia social y política.

La misma se halla permeada por la dialéctica del proceso objetivo de la ideologiíta del socialismo, en cierto modo, pero no cae en esquemas o posiciones panfletarias. Por el contrario, hace hincapié en los distintos problemas del arte y de la historia de la humanidad.

En ese sentido, la pintura de Ramírez Conde se integra de manera coherente a la unidad de la idea y de la realidad, en su conciencia de libertad y contenido cultural universalmente. Es una pintura que propugna por un carácter popular del arte en sus aspectos y características de la individualidad y la pluralidad estética.

En ese aspecto, lucha incansablemente por alcanzar una verdad indisoluble, un pensamiento estético significativo e histórico. A menudo, Ramírez Conde teorizaba sobre la decadencia del arte burgués y ponía en alto las concepciones del arte revolucionario, innovador.