EL APARATO AUDITIVO

Los decibelios del sonido

La intensidad es, al igual que el timbre, una característica del sonido. Se mide en decibelios.

Fíjate en las siguientes equivalencias: Un susurro: 25 decibelios. Una conversación: 60 decibelios. Los platos de la orquesta: 90 decibelios. Un cantante de ópera; 100 decibelios. Un avión aterrizando: más de 130 decibelios. Recuerda que , el sonido causa dolor y puede dañar el oído, por encima de 120 decibelios.

Cómo cuidar el oído

El oído es uno de los sentidos que te relaciona con el mundo exterior, proporcionándote información y- placer. Por ello es importante que aprendas a cuidarlo: Es necesaria la limpieza habitual del oído externo. Protege los oídos al pasar de un ambiente templado a uno muy frío.

La exposición a los ruidos continuos y excesivos (industrias, locales públicos, tráfico…) puede llevar a una pérdida progresiva de la sensibilidad auditiva. El volumen excesivo provoca una disminución de la capacidad auditiva. Cuando escuches música, haz un buen uso de los auriculares y mantente a distancia de los altavoces. Ante cualquier problema del oído acude al otorrinolaringólogo.

Recuerda que el sonido se transmite por ondas que se forman en el aire y que el órgano de la audición es el oído. Éste se divide en tres partes: el oído externo, el oído medio y el oído interno. El pabellón auditivo recoge las ondas sonoras; éstas pasan a través del conducto auditivo externo y llegan al tímpano. El tímpano es una membrana que separa el oído externo del oído medio. Cuando las ondas sonoras chocan contra el tímpano, éste vibra y transmite la vibración a la cadena de huesecillos del oído medio. El movimiento vibratorio de los huesecillos se transmite al caracol en el oído interno y llega finalmente, a través del nervio acústico, al cerebro. El cerebro interpreta la vibración como un sonido agradable o desagradable, como un ruido o un sonido musical.

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